Es imprescindible que se implante, la mediación y orientación familiar -de forma obligatoria- en las rupturas de pareja, como método alternativo de resolución de conflictos.

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Cuando uno pasa por una situación complicada, trágica, suele tener la sensación (aparte de preguntarse ¿Qué he hecho yo para merecer “esto”?), de que su circunstancia es tan excepcional, de tal magnitud que no puede calificarse de otro modo que de drama…

Esto lleva a casi todos los individuos a considerar que su inmerecida e injusta coyuntura es casi imposible que pase desapercibida para los demás, en especial para las personas a las que conocen y los conocen, y que siempre les han manifestado su afecto, o como poco han tenido con ellos una relación respetuosa, cordial, exenta de hostilidad.
La gente –equivocadamente- piensa que lo inusual, y más si es “injusto”, acaba causando pena, además de sorpresa, y mueve a la compasión, y a la solidaridad, a sentirse concernido por el dolor, las tragedias, los malos momentos ajenos, del “prójimo” (la persona próxima, el de al lado, en Latín)… Y a continuación, cuando acaban concluyendo que, su caso es algo más que un caso particular; aunque siempre, hasta entonces, fueran de la opinión de que “esas cosas solo les pasa a los demás… porque algo habrán hecho para merecerlo”, o porque no tuvieron la “inteligencia” suficiente para no estar en el lugar ni el momento inadecuados; acaban albergando la felicísima ocurrencia de que si “se mueven” acabarán logrando unir a “su causa” a más de un damnificado, o víctima de similar eventualidad, o “accidente”, y que uno solo poco puede hacer, pero “la unión hace la fuerza”, “el pueblo unido, jamás será vencido”…

Tras de todo esto está, también, la tendencia del común de los mortales a creer que lo que mueve generalmente a los profesionales de la política es el bien común, el interés general (lo cual repiten una y otra vez, de manera cínica, sarcástica, un día sí y otro también en sus vacuos discursos) y, lo creen porque necesitan creerlo, pues si no fuera así la gente se deslizaría, sin apenas posibilidad de retorno, hacia lo que los filósofos existencialistas denominaron “angustia vital”.

Los ciudadanos necesitan creer que los políticos (si no todos, algunos) velan por los intereses de la gente corriente, pues si no pensaran así, se sentirían especialmente vulnerables, desprotegidos, inseguros… De ahí que la gente tienda a instalarse en una situación de servidumbre más o menos voluntaria que implica necesariamente un estado de ánimo que, se puede denominar como “la comodidad de sentirse manipulado”…

Aunque cuando ocurren situaciones de crisis, como la que en la que está inmersa España, casi de forma inevitable surge la desesperanza, la sensación de “angustia vital” a la que antes me he referido.
Y ante esas situaciones lo normal es que uno tienda a ilusionarse y a agradecer cualquier soplo de aire fresco. Ese ha sido mi caso, y posiblemente acabe siéndolo para cientos de miles de familias españolas, para cientos de padres y madres divorciados, ante el anuncio que, posiblemente se haga dentro de unos días, o semanas de lo que anticipaba esta semana el periódico digital CONFILEGAL: «A partir de 2022, si se quiere divorciar tendrá que pasar por una sesión de mediación o arbitraje«, https://confilegal.com/20211228-a-partir-de-2022-si-se-quiere-divorciar-tendra-que-pasar-por-una-sesion-de-mediacion-y-pagar-por-ello/

Al parecer, el Gobierno pretende implantar «Métodos Alternativos de Resolución de Conflictos» durante el año 2022, métodos que se pretenden establecer como paso previo obligatorio en casos de divorcio y de herencias, entre otros…

Los «Métodos Alternativos de Resolución de Conflictos» están previstos en el Anteproyecto de Ley de Medidas de Eficiencia Procesal que se llevará al Consejo de Ministros en el año que entra y que tiene como objetivo aligerar la carga de trabajo de algunos juzgados y ayudar a los ciudadanos a ver resueltos sus problemas sin tanto desgaste económico y emocional.

La mediación intrajudicial en los procesos de familia - Paloma Zabalgo,  abogados de familia


Pues sí, en los tiempos que nos han tocado vivir, para la enorme cantidad de gente que pasa por situaciones de especial dramatismo (sobre todo nuestros hijos e hijas que están siendo condenados sistemáticamente a situaciones de orfandad, de manera cruel, y de forma absolutamente estúpida…) todo ello es un soplo de aire fresco, muy alentador…

Pero –y ahora viene el “pero”- aunque sea de agradecer la iniciativa que, según fuentes que dicen estar bien informadas, va a toma el Gobierno de España en las próximas semanas, meses… durante el año 2022, para implantar «Métodos Alternativos de Resolución de Conflictos»; de poco o nada valdrá la iniciativa, si al final resulta aprobada. Más de uno dirá: ¿Qué pretende este buen hombre metiéndose a agorero?
Pues muy sencillo, insisto: de poco o nada vale tal iniciativa. Por la sencilla razón de que quedaría absolutamente condicionada por la legislación de “igualdad y género” que promovió el Partido Socialista durante los ocho años que José Luis Rodríguez Zapatero estuvo al frente del Gobierno de España; legislación que, también fue apoyada de manera entusiasta por “todo el arco parlamentario”, incluyendo al Partido Popular, no fueran a ser tildados de falócratas, machistas, cómplices de los maltratadores y demás lindezas a las que suelen recurrir los y las femiestalinistas de «género», para descalificar a sus contrincantes.

Si la iniciativa de convertir en obligatoria la Mediación Familiar, u otros «Métodos Alternativos de Resolución de Conflictos», sale adelante, sería imprescindible derogar la denominada Ley Integral contra la “violencia de género” que, fue diseñada (al dictado del lobby feminista más extremista) para asegurar el éxito de manera anticipada, a cualquier mujer en los pleitos de divorcio, por la custodia de los hijos menores, y para la liquidación del régimen económico “de gananciales”. Aparte de darle a cualquier mujer la posibilidad de repudiar a su esposo o compañero. La LVIOGEN de 28 de diciembre de 2004 ha sido una de las pifias más grandes del Parlamento en los últimos años, ha sido la chapuza mayor que, hayan parido Sus Señorías, pues ningún objetivo de los que se pretendían se ha alcanzado, por el contrario, ha ocasionado más y mayores problemas que los que supuestamente se intentaban corregir o solucionar…
Si algo se ha conseguido con la “ley integral contra la violencia de género” ha sido la detención masiva, indiscriminada de cientos de miles de hombres –alrededor de DOS MILLONES desde la LEY DE VIOLENCIA DE GÉNERO, aprobada el día de los Santos Inocentes de 2004, entró en vigor- hombres a los que se ha privado de sus más elementales derechos constitucionales, como el derecho a un juicio justo, con plenas garantías legales, a la igualdad ante la ley, a la presunción de inocencia,… también se ha privado a los hombres del derecho al “hábeas corpus” (sí, en España se está privando ilegalmente de libertad a miles y miles de hombres todos los días, todas las semanas, se les está deteniendo y secuestrando en los calabozos de la Guardia Civil y de la Policía, y negándoseles su derecho a asistencia de abogado). Si algo ha conseguido la “ley integral contra la violencia de género” ha sido que aumenten de manera exponencial las falsas denuncias por maltrato, promovidas por mujeres (generalmente asesoradas por sus abogados, servicios sociales, casas de la mujer, asociaciones “de mujeres”, etc.) para obtener ventajas procesales en los pleitos de divorcio, o simplemente por ánimo de venganza,… y para recochineo, las mujeres bien informadas saben sobradamente que gozan de completa impunidad, pues los jueces y fiscales miran para otro lado y silban cuando coinciden con una falsaria.

La perversa ley también ha conseguido que en España haya gente que considere que hay víctimas de primera y segunda categoría, dependiendo de quién sea la víctima y quién el victimario… Cuando no se afirma abiertamente y sin tapujos que las mujeres son las únicas que sufren violencia en el ámbito familiar, negando que los hijos e hijas, los ancianos… y también los hombres sufren también maltrato, con y sin resultado de muerte.

Ni que decir tiene que todos los estudios sobre violencia intrafamiliar (todos sin excepción) demuestran sobradamente que la violencia no entiende de sexos, que no es de un sólo sentido y que las mujeres son tan o más violentas que los varones.

Tampoco tiene desperdicio el que, se oculte de manera descarada a la opinión pública que España es uno de los países de la Unión Europea con menor índice de violencia doméstica. Estamos en el último o penúltimo lugar de la lista que tienen el dudoso honor de encabezar países tan civilizados como los países nórdicos, Alemania, Gran Bretaña, etc.
Insisto, todas las nobles y loables iniciativas como la que, «CONFILEGAL» afirma que emprenderá el Gobierno, para implantar «Métodos Alternativos de Resolución de Conflictos», bienvenidas sean, pero serán papel mojado, aparte de una burla cruel, mientras no se derogue la perversa legislación antihombre, antifamilia, aprobada durante los dos mandatos del Gobierno Zapatero y que la «derecha boba» con el cobarde de Mariano Rajoy al frente no se atrevió a derogar, a pesar de contar con una mayoría aplastante, absoluta como nunca había poseido ningún gobierno desde la muerte del General Franco…
¡Ah, se me olvidaba: la Alienación Parental también existe, pese a que los y las femiestalinistas degenerados lo nieguen (hasta el extremo de haber aprobado una ley con el título sarcástico y cruel de «Ley Orgánica 8/2021, de 4 de junio, de protección integral a la infancia y a la adolescencia frente a la violencia» en la que se niega su existencia y se prohibe nombrarlo a los jueces, fiscales, psicólogos, etc.)- La Alienación Parental es un fenómeno tan antiguo como la propia Humanidad, y está considerada un delito, por ser una forma cruel de maltrato a la infancia, y duramente perseguida en cualquier país civilizado, de nuestro entorno cultural!
¿Y por qué cito la Alienación Parental? Pues sencillamente porque cada día que pasa es una perversidad cada vez más frecuente en los procesos de divorcio, y en el post-divorcio, que se utiliza por parte de papás y mamás hasta conseguir que los hijos “odien” la otro progenitor y acaben diciendo que no desean ir con él o ella.

Un proceso que comienza con la inculcación maliciosa de enormes perversidades, consentido por los tribunales, cuando no alentado, y en el que como poco los jueces, fiscales, y psicólogos son colaboradores necesarios.

Mientras todo ello no se aborde, además de la necesaria generalización –con carácter preferente, como deternina la Jurisprudencia del Tribunal Supremo desde 2012- de la Custodia Compartida y de la Mediación y Orientación Familiar, de veras y no como un acto burocrático, tal cual ya existe en otros ámbitos como el derecho laboral, o el mercantil, o en consumo; los métodos alternativos de resolución de conflictos», estarán abocados a ser pura filfa, retórica vacía.

Y ya, para terminar, esperemos que, quienes viven del dolor ajeno, de que los pleitos de divorcio, por la custodia de los menores y por la liquidación del régimen de gananciales se eternicen y queden inconclusos, no hagan lobby e impidan con su capacidad de influencia (que es mucha, muchísima) que tan loable iniciativa gubernamental prospere.

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